Buscando un amigo para el fin del mundo

amigosNadie, absolutamente nadie, puede reemplazar a tus amigos de toda la vida. Esos que te ataron las manos a la espalda para que no te arrancaras la piel a tiras cuando en plena adolescencia pasaste la varicela. Los mismos que levantaron una ceja hasta el infinito y más allá cuando te compraste un coche mucho antes de tener el carnet de conducir -y, para más inri, lo llamaste Piki… de picadero-. Y, por supuesto, aquellos que jamás te soltaron ni un solo “ya te lo dije” cuando tu pseudorelación con un cómico caído en desgracia que tenía un amplio repertorio de tics  acabó en hecatombe emocional.

A la mierda con el Mercadona o el Colacao, lo que más echo de menos en tierras extrañas es a mis amigos. Dejando de un lado que el 80% de los expats que he conocido en mi andadura holandesa son los típicos que llegan, se gastan los ahorros que traían en fiestas y/o sustancias varias y se van (ahora es cuando me llueve todo tipo de hate mail), encuentro algo difícil tener una auténtica conexión con alguien que tiene una cultura tan opuesta a la mía. Vamos, que ni me ríen los chistes ni tienen ni pajolera de quién es Mario Vaquerizo. Y ahí me quedo yo,  mordiéndome los carrillos y diciendo “Olvi, que es de bromi” ante una imponente colección de caras de póker.

Hacer amigos es un aspecto fundamental de la adaptación  a un nuevo lugar. Algo que, según cuenta en este artículo la columnista de The Telegraph y expatriada en Dinamarca Helen Russell, es como tener una cita con un maromo “sólo que con bastante menos escote”.

La columna toca de pasada algo que a mí me parece vital: no todo aquel que conozcas va a ser tu amigo. Por mucho que vengáis del mismo pueblo minúsculo y que casualmente estéis viviendo en la misma punta de la Conchinchina. Esto es algo que he aprendido the hard way y a base de algún que otro disgustillo. Mi amiga Ana, expatriada en la perroverdosa Corea ella, tiene un método fantabuloso para testear la posible amiguidad de un individuo: “cuando conozcas a alguien, compara vuestros valores y piensa si esa persona acabaría convirtiéndose en tu amiga si los dos vivierais en tu ciudad. Si la respuesta es no, la cosa no tiene por qué funcionar en el exilio”.

Y finalmente, cuando encuentras a ese alguien que parece tener un rótulo de BFF en plena frente, llega lo que la columnista compara con lo más revuelve-estómagos de las citas: “¿Me llamará? ¿O me mandará un mensaje? ¿O me seguirá en Twitter? Cuando nos encontremos, ¿deberíamos ir a medias? ¿O mejor me ofrezco a pagarlo todo? ¿Debería evitar los temas tabú?”.

Sea como sea, nos deseo mucha suerte y que acabemos “ciegas a citas”.

¿Cuál es tu historia? ¿Has tenido suerte con las amistades? ¿Has encontrado ya esa segunda familia en el extranjero que muchas expats dicen tener o estás en ello?

Puedes leer la columna entera (en inglés) aquí.

5 comentarios en “Buscando un amigo para el fin del mundo

  1. Plas plas plas, me oyes? Estoy aplaudiendo tu entrada. Me encanta, llevo muchos años expatriada…. Norrr no voy a decir cuántos pero da miedorrr.
    Y a pesar de las buenas amistades que he podido hacer, sigo creyendo que sólo una amiga española puede entender lo que siento en muchas ocasiones, por ejemplo sólo otra española puede entender el peso de la tribu, llamada familia en otros países… O la relación con una madre, aquí en Francia es algo diferente y eso que somos vecinos…

    • Lo de la familia en Holanda es escandaloso. De todo es, de lejos, lo que llevo peor (con una suegra que nos hace pagar los “regalos” que nos hace y un cuñao que vende los regalos que le hacemos en eBay por más pasta…). Y sé que cuando tengamos hijos va a ser una lucha constante, pero ya les tengo dicho que por mucho que sean de origen marmóleo yo a mis cachorrillos les besuquearé todo lo que quiera y les morderé el culete siempre que me apetezca.

  2. Nop.. Yo aqui estoy sola como una musola. Claro que estar con niños pequeños no ayuda a socializar y no es que yo sea muy sociable, pero el idioma es lo peor. 10 min para conseguir saludar correctamente cortan la fluidez de cualquier conversación. Si no fuera por internet ya me habria vuelto loca.
    Ah y yo compro 3kg de nesquik cada vez que voy a España 🙂

  3. En año y medio en EEUU solo he conseguido hacerme ‘pseudoamiga’ de otros españoles. O algún otro expatriado europeo. Pero es que tener que hacer vida con los españoles solo porque sean españoles, me parece una gilipollez. Algunos me caen bien, otros no. ¿Quién ha dicho que tenga que tragar con esa gente, si en España saldría despavorida solo al verlos por la calle? Así me va, que menos mal que tengo a mi husband conmigo, que si no acabaría hablando con las paredes. Me ha encantado el blog! Gracias por comentar en el mío y hacerme saber de su existencia!! 😀

  4. En ese sentido yo tuve suerte porque en mi empresa había una aplastante mayoría de españoles. He descubierto que lo de soportar putadas a nivel laboral, pues une mucho! jejeje. No, en serio, hice tres amigas (españolas) muy buenas, con las que creo que me durará años la amistad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s