Spin off vacacional

vuelta

Como expatriada de bien, una de las cosas que más escocida te deja es cuando una de tus conocidas te dice que eso de emigrar no puede ser tan difícil y lo compara con cuando le entró una crisis chorbo-existencial después de que el tipo con un peinado absurdo del que se colgó en Ibiza la bloqueara en el Whatsapp y se fuera de viaje sola a un resort en el que hasta le aplaudían los pedos. Vamos, lo mismo.

Pero para este post quiero dejar los resquemores a un lado. Porque acabo de llegar de vacaciones y porque siento un gran alivio al perder de vista las interpretaciones de Maromo de la canción épica italiana,  quiero compartir con vosotras algunas enseñanzas que me ha dejado este viaje:

  • Que si de camino al aeropuerto a las 6 am Maromo te dice con un entusiasmo inusitado que se acaba de bajar una aplicación para poner quejas (a la red de trenes, al ayuntamiento, al gremio de reparadores de toldos…) eso sólo puede presagiar que durante las vacaciones vas a tener ganas de ahogarle con una almohada mientras duerme en no pocas ocasiones.
  • Que alojarnos en el mismo hotel que el 75% de la muchachada octogenaria italiana nos ha servido como sneak peak de la que se nos viene encima en unos 40 años. Las luchas en el buffet libre son feroces.
  • Que el hecho de que Maromo casi le prende fuego a un hotel en Estocolmo al idear un sistema de secado automático de ropa con dos secadores de pelo (bajo ningún tipo de supervisión humana, claro) no le impide seguir intentándolo (fue el mismo hotel en el que tuve que llamar al número de información desde la puerta porque no encontraba el pomo de la misma, aparentemente por allí somos una especie de celebrities).
  • Que ver una maratón de Homeland desde un jacuzzi sorbiendo un brebaje siniestro que nos regaló el hotel a base de pseudo-Tang con vodka se acerca mucho a mi idea de la felicidad.
  • Que mi talla de la parte de arriba de bikini y la de la parte de abajo están reñidas. Lo de cual de ellas es más grande lo dejo a vuestra imaginación, pero ahí va un apunte: no estoy en el grupo de las afortunadas.
  • Que tengo el trasero curtido en los hostales más cutres del mundo y el hecho de que venga alguien a limpiarme la habitación me pone más nerviosa que un zampabollos en el Naturhouse.
  • Que sólo necesito un par de esos Tangs para sumarme al equipo de animadores del hotel y convertir un espectáculo infantil en un auténtico festival del bochorno y la vergüenza ajena.
  • Que los maxivestidos son lo más, pero si mides 1’65 corres el serio peligro de esculpir un nuevo escalón con la piñata.
  • Que en Sicilia hay conductores que se paran en un semáforo en ámbar. Al menos uno. Lo juro.
  • Que si Maromo insiste en lavarme el pelo, hago bien en desmaquillarme antes.

dangerouswhenwet

  • Que si te sientan a la mesa con Donatella Versace ten por seguro que la verás pelar una ciruela con cuchillo y tenedor (en cuyo caso es súper útil el holandés para expresar tu más absoluto horror con la total indiferencia y la cara de aquí huele a pedo que vienen de serie con el idioma).
  • Que los dobladores italianos se han puesto de acuerdo con los españoles para repetir las mismas expresiones que absolutamente nadie utiliza en la vida real (Cieli santi! Maledizione!).
  • Que una signora que te ha escuchado hablar en inglés con Maromo se despida de ti con un alegre “hello” sólo puede inspirarte mucha ternura.
  • Que cuando veas a un tipo ataviado como en los años 70 nunca sabrás si es porque tiene mucho estilo o ninguno.
  • Que las técnicas pasivoagresivas que utilizaba en España con Atención al cliente (“¿tienes por ahí una hoja de reclamación?” “Dime tu nombre, por favor”) y sólo me servían para encontrarme un muro más alto que el custodiado por la Guardia de la Noche, en un país que rehuye la confrontación de manera enfermiza como es Holanda hace que me haya convertido en la Juana de Arco local. Recapitulando: Aterrizamos en Eindhoven (con Ryanair, culillo hecho pepsicola) con un ticket para el bus de Terravision y la promesa de que no se irían sin nosotros. Sólo poner un pie en las Neerlandias comprobamos que se habían ido alegremente sin nosotros y para nuestro absoluto estupor no nos querían devolver los casi 50 pavos que nos costaron los billetes. Le hice bullying a la becaria del mostrador (iré directa al infierno) hasta que conseguí que desviaran un autobús que venía de un festival metal en Bélgica para venir a recogernos a nosotros y a los demás pasajeros holandeses. Me aplaudieron, me vitorearon, escuché que balbuceaban indistintamente “cojones” y “spaanse, ole” y por un momento les vi la intención de mantearme y temí por la elección de la ropa interior que hice esa mañana a las 5 am. Éste entra directo a mi ranking de momentos Erin Brokovich que atesoro.

Y ya jocosidades aparte, tengo que contaros algo íntimo y personal (aunque no es lo que estáis imaginando, aprovecho para mandar un saludo a la persona que ha llegado a mi blog buscando “explorador de vaginas con monóculo”). El segundo día de vacaciones se cruzó en nuestras vidas un gatito callejero al que decidimos llamar Capo por la potencia de su voz (pensé en llamarlo Luciano, como Pavarotti, pero viendo lo desnutrido que estaba me parecía una broma macabra). No voy a entrar en lo jodida que tiene que estar la humanidad para que haya un animal moribundo a las puertas de un hotel pijo y nadie haga nada, pero deciros que con la ayuda de un par de asociaciones de voluntarios locales que rozan la heroicidad (y de mi amiga Irene, una expat italiana en Barcelona que ha compensado mi precario italiano y ha conseguido en 5 minutos más que nosotros en dos días) estamos removiendo Roma con Santiago para que le pongan urgentemente un tratamiento y poder adoptarlo “a distancia”.

Está resultando muy difícil, pero después de lo que he visto (me he recorrido Sicilia con un kilo de comida para gatos y perros en el bolso, con eso lo digo todo) como si tengo que llamar al mismísimo Papa o enseñarle un pecho (aunque ya lejos de la adolescencia) a Berlusconi. Será nuestro gatete en la sombra, nuestro quinto Beatle. Deseadme mucha suerte porque la necesito toda.

6 comentarios en “Spin off vacacional

    • Muchas gracias! No ha sido tan malo volver a la lluvia y a las discusiones domésticas interculturales (que si sigues echando medio bote de suavizante en cada colada no llegamos a fin de mes, que vaya manera de gastar agua lavando así los platos, que parece mentira que viviendo aquí tanto tiempo no te hayas dado cuenta aún de que en este país no regamos las plantas…). He entrado en tu blog y vaya molonadas que le coses a tu cachorrilla, yo tengo máquina de coser pero no paso de las faldas, las bolsas y algún que otro tuneado de vestido de segunda mano. Te sigo y a ver si se me pega algo! Un beso enorme desde Ámsterdam!

  1. ¡Hola! Te he encontrado porque alguien hizo click en el link que tienes a mi blog y aquí me tienes, que no he podido resistirme a leer tu blog mañana. Me he identificado contigo en lo de las bicis, cuando tuve que buscarme una, todas me llegaban al sobaco. Al final he podido hacerme con una de mi estatura “vintage”, pero ha sido una árdua tarea. Y ni te imaginas lo que me suena lo de tu madre de visita, sin comentarios. Me encanta tu blog, y ya te tengo fichada para no perderme nada. ¡Sigue así!

    • Qué ilusión de comentario! Me encanta leer blogs de expatriadas como el tuyo porque veo que todas pasamos por cosas parecidas (creo que mi suegra y la tuya fueron amigas de juventud o algo). Muchas gracias por leerme y a darle duro al expatrie, que son pocos y cobardes! Un beso enorme, bonita.

  2. Una aplicación para poner quejas??? Dime que era broma, por favor….

    Lo de los cojones españoles, que sepas que lo vamos exportando.Yo en Egipto tengo comprobado que no hay nada que les acojone más que una extranjera berreando en un idioma que desconocen. Cruel, pero efectivo.

    Me lo estoy pasando genial!

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