Historia de dos ciudades (y una de ellas huele a culo)

taleof2citiesQue me perdone Dickens por profanar una de sus obras metiendo un “culo” (no joke intended), pero he pensado que siendo Agosto ésto no lo leería ni el tato.  Me hubiera gustado también haber escrito una de esas intros súper molonas que hacen que te olvides de que tienes un pastel en el horno, un bebé/ adulto entre tus pechos o manejas maquinaria pesada después de haberte tomado un Paracetamol. Pero sí puedo decir que estás a punto leer la historia del vil secuestro de un gnomo y de cómo una vez me desmaquillé los ojos con salvaslips con mucha determinación mientras Maromo me repetía que me iba a quedar ciega.

A veces tengo las cosas muy claras. Y a veces simplemente me lavo el pelo con champú activador de rizos y mascarilla alisadora, para untármelo después en un mejunje que promueve las ondas y proceder inmediatamente a su alisado con el secador. Y eso es más o menos lo que me pasó al llegar a Ámsterdam. Habiendo vivido toda la vida en Barcelona (menos un breve escarceo con Madrid y Londres), nunca me había planteado la idea de la pertenencia. Pero oh, llegué a Ámsterdam, donde todo el mundo se esfuerza taaaanto (en serio, taaaaaaaanto) por ser guay. Y yo, con mis flequillos, mis vestidos con estampado de unicornio y mis chistes sobre penes de los que yo misma me reía (dando palmadas en la mesa con lágrimas en los ojos, ante un amplio repertorio de caras de poker) simplemente no encajaba.

Así que cuando me ofrecieron un trabajo en La Haya vi la oportunidad. Encontramos un piso con el doble de metraje cuadrado del que teníamos en Ámsterdam y allí que nos mudamos sin pensarlo demasiado. Los primeros días fueron idílicos: cada mañana obligaba a Maromo a bailar un tango con la tostada en la boca, luego me ponía mi identificación de tía seria que curra para una agencia de la UNESCO y me iba al trabajo guiñando ojos y tirando besos al aire por el camino. Los fines de semana íbamos a jugar a la II Guerra Mundial a la costa y a revisar las líneas de defensa alemanas (esto no es ni medio normal y se merece un post aparte).

Pero llegó el día en el que empecé a verlo turbio en el trabajo. Las señales ahí estaban. Como cada mañana, cuando me tenía que loguear con el usuario de mi jefa, que al llamarse Catherine Tablablabla, era ni más ni menos que “KateTa”.  Los cuchillos cruzados. Los descuartizamientos públicos. El amplio repertorio de machetes. Las puyas gratuitas a todas horas. Al final resultó que en vez de una oficina de idealistas que querían cambiar el mundo mientras comían marshmallows, como me había imaginado, había aterrizado en un auténtico enjambre de… ehm

Después de tener un problema de salud algo serio y que me demostraran muy poco (o mucho, según como se vea), conseguí un trabajo como freelance desde casa y puse pies en polvorosa. Y ahí es cuando la realidad de la ciudad a la que me había mudado hacía sólo unos meses me dio una buena bofetada en la cara: vivíamos en medio de la nada, la gente era tan amable como un oficial de la SS, no conocíamos a absolutamente nadie y la oferta cultural (o la vida, ¡la VIDA!) era nula en ese insulso lugar del mundo.

Pero lo peor nos vino de la puerta de al lado. Rubia, de unos 18 años, muy poco agraciada (en un país en el que la tipa media está de muy buen ver tiene que ser algo complicado venir defectuosa de serie…) y, sobre todo, muy tontapollas. Nunca nos quejamos cuando ponía la misma canción a todo volumen en repeat unas 98827897434 veces. Ni cuando nos aparcaba la bici en la puerta. Pero el día (laborable) que dio la fiesta de su vida con un equipo de animadoras al completo gritando como si les fuera la vida en ello no pudimos más. Maromo intentó arreglar el asunto a la holandesa, con muchos por favores, una sonrisa conciliadora, unos cuantos “la próxima vez nos invitas” (si hubiera llevado algo más que aquellos calzoncillos con la bandera sueca… tan vulnerable y seductor…).

Lejos de disminuir los decibelios, el follón fue a más y yo salí de la cama para solucionarlo a la española. Un SHUT THE FUCK UP bien gritado, una mirada de acero azul y en 30 segundos estaba ya en la cama en medio de un auténtico remanso de paz. Al día siguiente me levanté muy satisfecha, para descubrir que gnomo había desaparecido.

Verás, éste es gnomo.

gnomo

¿Es bonito? No. ¿Lo habría tirado a la basura “por error”? Con mucho gusto. Pero es una especie de tradición en la familia de Maromo, quienes llevan al pobre gnomo a la casa de los recién mudados como inocentada. Así que cuando vi que gnomo estaba al final de la calle encima de un coche invoqué la ira de los dioses y me cagué en el martillo de Thor. La muy desgraciada de la vecinita nos había “castigado”. Ojo, que lo que viene ahora es muy surrealista. Maromo, como buen holandés, quería ir a recoger a gnomo y simplemente dejarlo estar. Y yo, que siempre he querido vivir en una película de Tim Burton, conseguí multiplicar exponencialmente lo absurdo del asunto convenciendo a Maromo para que llamase a la policía y denunciara el secuestro de gnomo.

Que los holandeses están hechos de otra pasta ya me lo había figurado a esas alturas, pero poco me había preparado mi expatrie para el momento en el que vería a Maromo apartar el auricular con mimo y decirme con su expresión más inocente “que dicen que si ya sabemos dónde está gnomo que igual mejor si no vienen, pero que si estás muy enfadada y quieres abrir una investigación sí vienen”. Recogimos a gnomo, le hicimos la ceremonia del soldado caído y desde ese día jugamos a la táctica del despiste con la tontapollas. La pobre infeliz no habría esperado tanta amabilidad en su vida: “qué día tan estupendo hace, ¿verdad? Y qué bien te queda lo que llevas, qué manera tan inteligente de acentuar tu estupenda figura. Como decimos en mi idioma, ‘eres una auténtica zorra'”.

A partir de ese día todo fue a peor. El “enmediodelanadismo” hizo que tuviera que desmaquillarme una noche con salvaslips porque no había ni una sola tienda a kilómetros a la redonda y que me pasara el día paseando por un bosque cantando a grito pelado los grandes éxitos de Raffaella Carra mientras les descubría a los árboles que más pronto que tarde me iría de esa ciudad para jamás mirar atrás.

Y llegó el amigo que lo cambiaría todo: una llamada, un piso que su cuñada quería alquilar en el norte de Ámsterdam y la posibilidad de volver a la civilización.  Poco me importó que al poner la dirección en Google lo primero que me saliera fuera la imagen de un tiroteo (nunca el cadáver de un narcotraficante había descansado en un sitio más idílico), la casa era perfecta. Tendríamos vecinos relativamente normales (desde aquí mando un cariñoso saludo al vecino con Diógenes… no, no vamos a tirar el colchón…), compartiríamos un jardín (¡¡¡tenemos una planta de frambuesas!!! Cuando pregunté cada cuánto había que regarla me miraron como diciendo “la pobre, aún no se ha enterado de en qué país vive”) y, a pesar de reducir muy significativamente el espacio, íbamos a tener una casa para nosotros solos.

Y hasta hoy, cuando 7 meses después de mudarnos a nuestra Casita de Muñecas- Escena del Crimen, como todos los días me he levantado y he visto orgullosa cómo mi gato se meaba en las plantas de los vecinos (teniendo en cuenta que el otro día vino una vecina a disculparse porque su gata le estaba haciendo bullying a la mía, no sé si debería ir a excusar la vejiga de Junto). Al fin mi lugar. ¿Que cómo lo sé esta vez? ¿Quién querría de irse de un sitio en el que el primer día de aterrizar vienen los vecinos a preguntarle a Maromo si acababa de mudarse CON SU HIJA? Muahahahaha.

17 comentarios en “Historia de dos ciudades (y una de ellas huele a culo)

  1. Jajaja!! Sandra, a pesar de que echas de menos esa introducción, te aseguro que no podía ser mejor.

    Me lo he pasado bomba leyendo el post! ;D

    Un besote desde Deutschland*

    Elisabet*

  2. No te había leído, entono el mea culpa y he de reconocer que he soltado más de una carcajada…. Deberíamos hacer un congreso itinerante en Europa con foros de expatriadas intercambiando experiencias!

    Por cierto, por qué no dijiste que sí a que la policía abriera una investigación? Te habría dado para un buen par de posts…..y a nosotras para unas risas…

    Saludos desde Vikingolandia

    • JAJAJAJA! Sin intención de ofender (o sí), pero deberías ver a la poli holandesa… es lo menos intimidante y más pussy que he visto jamás. Ya me han puesto almodovariana alguna vez, así que preferí ahorrarme el trago 🙂
      Y lo del congreso ese, cuándo dices que lo organizamos? Por cierto, estoy a unas horitas de Dinamarca en coche y llevo ya un par de años achuchando a Maromo para ir. Un día de estos lo consigo y allí que me planto!
      Un abrazote, vikinga!

  3. Jajaja pero me pueden gustar más tus historias surrealistas?? el gnomo, los salvaslips, cantar Raffaela Carrá por un bosque.. ME ENCANTA!! jajaja enhorabuena por el post de verdad y sigue así que me descojoncio. Besos!

  4. Felicidades por el post!! me has hecho reir taaaanto que aún sigo haciendolo. La historia del gnomo me encantó!! y el salva slip más aún me sentí muy reflejada 🙂 Un abrazo de otra expatriada!!

      • Jaja alguna vez hice lo que tu con el salvaslip pero use una talla la mar de rigida que cada vez que me la pasaba por el ojo me lo dejaba mas sucio y rojo. Acabe con los ojos hinchados y sin desmaquillar 🙂 saludos desde usa!!!

  5. Petunia en Flor!!! Me ha Superencantadísimo tu post. Es tan TÚ, tan grandilocuente y genial que los que tenemos la suerte de conocerte sabemos que es tan real que das la posibilidad al lector de vivir tus rocambolescas y divertidas experiencias en primera persona de una manera cautivadora y elegante. Tienes un gran Don, gracias por compartirlo con el resto de la humanidad. Bskmil preciosa x dentro y x fuera desde Bdncitystate.

    • Oh, mi Elvi! Eres la caña de Badalona 😉 Precisamente no le he pasado el blog a casi nadie por eso, porque es muy yo jajaja! Tengo ganas mil de verte y de jugar con tus cachorros. La Yuls no se debe acordar ya de su tita Sandra, la que le hacía galletas y decía barbaridades continuamente. Por cierto, tengo una acontecimiento a principios de la semana que viene para el que necesito todo tu positivismo y molonidad universal. Así que piensa un poco en mí 😉
      Te veo pronto, Petu mía. TÚ MOLAS!!!

  6. I’m loving it. Este post es un gran concentrado de cine, desde tu referencia a Tim Burton, hasta el gnomo Amélie Poulain o tu espíritu almodovariano, qué risa Tía Felisa. Ja ja ja

    • Muchas bedankts, mademoiselle 🙂 Pues es verdad. Igual es porque estudié guión de cine (de ahí que me fuera a Madrid) o que tengo una tarjeta con tarifa plana para los cines de Ámsterdam y me paso los días allí metida :_) Por cierto, demain vuelvo a la carga con un post sobre París!

      P.d. Hoy me he puesto una chaqueta roja con un foulard rosa y me he acordado de ti.

  7. Ya pensé que no escribirías más y hete aquí con este novelón… alegría y alboroto! Me parrrto, con la zorra de tu exjefa y la ídem de la vecina. Yo tb tuve unas vecinas hodías en Madrid, suecas creo recordar, pero en ese caso el fiestorro que montaron sirvió para que mi ahora marido (y entonces amor platónico) nos conociéramos bíblicamente por vez primera. Así que al final me hicieron un favor, mira tú. O no, porque fíjate dónde he acabado! ¿Y qué decía la Raffi? “Para hacer bien el amor hay que venir al sur…” Ironías del destino. Besos, la Frolain Pat.

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