La culpa no era de Bob

[Maromo, leyendo las noticias desde la cama]: Parece ser que el concierto que dio Bob Dylan anoche en Ámsterdam fue bastante malo.

[Yo, delante del armario con un ataque de “me niego sacar ya las bragotas térmicas”]: Anda, ¿y eso?

[Maromo, con la cara de Jude Law que se le pone recién levantado]: Dicen los críticos que tocó sin ganas, sin emoción…

[Yo, bragotas térmicas en mano]: Mira tú, perfecto para el público holandés.

[Maromo, algo menos Jude Law]: …

La sauna en Holanda: no digas que no te avisé

balzac“Bájate a la sauna del hotel que no pasa nada”, me dijeron. “Que la gente va en toalla”, insistieron. Pues vi más pito que en mis muchos años de soltera.

Hasta aquel exhibicio-ominoso día en Bélgica me había manejado para esquivar las frecuentes invitaciones a la sauna de parte de todo tipo de personas de mi entorno y, lo que es todavía más aterrador, de absolutos desconocidos. Las historias que habían llegado a mis oídos sureuropeos explotaban con una mezcla de pavor e incredulidad: que si la nudidad no sólo es común sino de obligado cumplimiento (porque meter una toalla en un sitio en el que la gente impregna los asientos con sudor escrotal es muy poco higiénico, ¿sabes?), que si lo de la sauna era una actividad familiar (¿dónde han quedado los picnics?) o incluso para hacer team building con los compañeros de trabajo (¿¿¿QUÉ???).

Si bien el oversharing es lo mío, lo de mostrar todos los tonos Pantone de mi piel a un auténtico desconocido mientras mis poros cumplen con su función secrecional, haciendo que mi nivel de mojabilidad caiga en picado, no va conmigo. Y, aunque los holandeses sean conocidos precisamente por no contar con demasiadas capas de profundidad emocional, no puedo imaginarme compartir semejante situación con alguien por el que tenga un mínimo de sentimientos. ¿Una primera cita? Pues igual no. ¿La persona que más odias de esta galaxia, como en mi caso es el tipo que decidió implantar las bolsas de la compra de papel en un país de lluvia feroz como Holanda? No, gracias.

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Hasta que me alcancen las palabras…

… bueno será este puñado de imágenes.

Dames en heren, ésto es lo que ve casi a diario el mono percusionista que vive en mi cabeza:

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Pareja llega a parking de bicis situado en el centro de Ámsterdam. Él es alto, atractivo, en sus 30 y algo. Ella claramente no acepta su edad -viste como una chavala a pesar de que hace mucho que dejó esa época atrás- y se hace evidente que no ha hecho ningún esfuerzo por peinarse. Hace mucho frío y ella le urge a él a encontrar un sitio en el que aparcar la bici:

[Ella]: ¿Dónde?

[Él, haciendo un claro esfuerzo por hablar español para complacer a su pareja]: A la “izguarra”

[Ella, recordando que hace ya tres años tomó la decisión de no corregirle cuando decía “izguarra” en lugar de izquierda porque le hace MUCHA gracia]: Muy bien, cariño, no olvides enseñarles a mis padres todo el español que sabes ya la próxima vez que vayamos a casa.

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