Sobre vulvas y mis siete meses de silencio

¿Sabéis cuando en un reportaje de la tele utilizan de fondo una canción cuya letra hace directamente referencia al tema que se trata? Como cuando hablan de economía y te meten el “If I Was a Rich Man”, o el “Video Killed the Radio Star” para estrellas del pop caídas en desgracia. Pues bien, es algo que odio con todas mis gónadas como el ejercicio de absoluta falta de imaginación que es. Pero en esta ocasión, y como homenaje velado a mi época de becaria repelente en TVE, voy a escribir este post con el “Sounds of Silence” de fondo.

Y con esa manera tan creepy de Simon y el amigo Garfunkel de recrearse en la “n” final de las palabras (“hello darkness, my old friennnnnnnnnnnnd”) os cuento que por aquí ha habido desde luego bastante silencio pero que en mi realidad ha habido mucho (muchísimo) ruido. Al poco de llegar me diagnosticaron una enfermedad “quenomolademasiado”, como la hemos bautizado Maromo y yo, y a partir de entonces ha sido una orgía de pruebas médicas, tilas, malas noticias, luego buenas noticias, aceptación y un cambio general en el esquema universal de lo que realmente importa.

Después de vivir tres años en el país de las presentadores a cara lavada y chándal, te parece que aquí los informativos los presentan travestis.

Después de vivir tres años en el país de las presentadores a cara lavada y chándal, te parece que aquí los informativos los presentan travestis.

Pero entenderéis que con semejante plan urbanístico aniquilador de gran parte de los árboles, además de las sombras también ha habido luces. Los intentos casi kamikazes de Maromo con nuestra lengua me han proporcionado horas de carcajadas totalmente perturbadas. Sobre todo por su extraño convencimiento de que el español se parece terriblemente al inglés por lo que únicamente tiene que añadir al final de la palabra en la lengua de Shakespeare una “o” o una “a” de manera totalmente aleatoria. Así fue como el incauto dependiente de la sección de bombillas [bulb] del Ikea se encontró con un tipo rubio de dos metros que le pidió la mar de pizpireto “un par de vulvas”. O como yo misma, enternecida por los intentos de Maromo de crear un ambiente romántico con velas [candles] por toda la casa, tuve que morderme la parte interna de las mejillas para no carcajearme cuando me dijo eso de “tengo cándidas para ti”.

En cuanto al curro, vine prácticamente con la mesa puesta. Lo que no esperaba fue el grado de guarreo y explotación al que me expuse. En Holanda me acostumbré a lo de ser una trabajadora de segunda, aquí  tuve que adaptarme a la forma más autóctona de abuso. Hasta que me cansé, cambié de proyecto y vuelve a haber luz en mi vida laboral. Y a pesar de mi relación de amor-odio con el mundo de la música ( “qué asco, cuanto ego”, “pero mola tanto que toda esta gente esté disfrutanto tanto de este show en una pequeña parte gracias a mí”, “esto está lleno de cocainómanos, qué horror”, “mira a esa niña con esa mirada de total admiración, qué tierno” y así…) ahí sigo. Supongo que si tanta gente ha intentado meterse en el mundillo digamos, por ejemplo, chupando penes, yo que estoy ahí de manera legítima y aséptica debería quedarme un poco más.

Show para el que curramos en Riga, ciudad que hasta 2 horas antes de partir no tenía claro si estaba en Letonia o en Lituania (de hecho sigo sin tenerlo muy claro).

Show para el que curramos en Riga, ciudad que hasta 2 horas antes de partir no tenía claro si estaba en Letonia o en Lituania (de hecho sigo sin tenerlo muy claro).

Y por supuesto ha habido momentos en los que las luces y las sombras han ido de la mano y nos han traído escenas de absoluta tragicomedia. Como cuando el tercer día de vacaciones en Japón me puse muy enferma y empezó un peregrinaje inmensamente surrealista por toda una serie de clínicas sacadas de una peli de Kubrick (no exagero, en una de ellas fui al baño y al entrar por la puerta de repente se encendió la luz, empezó a sonar música, se levantó la tapa del WC  y se calentó el asiento sin ningún tipo de interacción mía).

Guardo un especial cariño al médico japonés que al no saber explicarme en inglés que los analgésicos eran en forma de supositorio (ahora entenderéis por qué pasé tanto dolor…) me escenificó una inserción anal ante la mirada estupefacta de Maromo y mía. Y a la enfermera que sin hablar ni una palabra de algo que no fuera japonés me intentaba explicar que tenía que aguantar la respiración cuando me pasaran por el escáner, a lo que yo respondí aguantándome la respiración desde ese momento para grandísima risotada de la profesional (más tarde cuando me pasaron por el TAC y sin aviso previo escuché una grabación de lo que tenía que hacer en puertorriqueño, no pude aguantarme la risa y lo de la respiración se fue para el orto… la enfermera japonesa lo encontró todo épicamente divertido). Incluso al tipo trajeado que en el metro de Tokio me arrimó la cebolleta con las ansias propias del líder de un comando vietnamita. Algo tan inesperado e hilarante que hizo que me pusiera a reírme como una foca con ébola, asustando al propio acosador.

Sigo convencida de que el nivel de progreso de un país se mide a partir de la cantidad de ropa que lleva la mujer del tiempo.

Sigo convencida de que el nivel de progreso de un país se mide a partir de la cantidad de ropa que lleva la mujer del tiempo.

Algún día os contaré aquel día en Osaka en el que tuvimos problemas con el apartamento que habíamos alquilado (problemas es un eufemismo para “estaba plagado de cucarachas”… pequeñitas, porque eran japonesas, pero CUCARACHAS) y la compañía europea nos metió de urgencia (y sin darse cuenta, quiero creer) en uno de esos hoteles carísimos por horas para amantes. Os pondré fotos del techo con forma de vagina, de las máquinas expendedoras de lencería y del masajeador que había junto a la cama y que Maromo y yo nos negamos a tocar, viéndonos obligados a dormir abrazados en un espacio de un metro cuadrado para no rozarlo. Os explicaré también que el taxista tuvo que dar 4 vueltas al edificio para encontrar la entrada y que fue en ese momento, viendo que la única entrada posible al hotel era a través del parking, cuando nos dimos cuenta de donde nos habíamos metido.

O sea, Osaka.

O sea, Osaka.

Si habéis llegado hasta este post buscando información turística sobre Japón, lamento defraudaros (sabed, sin embargo, que sois mucho más bienvenidos que la persona que llegó a mi blog buscando algún tipo de texto instructivo sobre algo llamado “cunilimgum”). En ese caso os recomiendo el blog de mi amiga Sonia, una blogger de viajes de lo más majérrima que visitó el país de las tragaperras al mismo tiempo que yo y que lo ha contado como nadie. Eso sí, si por cualquier motivo necesitaseis conocer el vocabulario propio de las funciones secrecionales del cuerpo o de los múltiples orificios del mismo en japonés, tendré a bien poneros en contacto con Maromo. Todo un experto.

La monja budista increíblemente macarra con la que a veces hablo de mis cosas (entendedme, en esta situación soy carne de secta, así que puedo estar contenta de haber buscado alivio en una comunidad que tiene a un líder tan entrañable y sin ningún interés en mi cuenta corriente o mis hijos) me dice que el viaje consiste precisamente en eso, en abrazar los malos momentos como una oportunidad única para crecer. Como cuando mis mierdasuegros me anuncian que se vienen 9 (NUEVE) días a vernos a Barcelona sin preguntarnos si nos va bien o si yo seguiré poniéndoles cara de “aquí huele a pedo”.

– ¿Entonces esos grandísimos hijos de troll son personas preciosas porque me ayudarán a ejercitar la paciencia?

– Exacto. La hostia puta, ¿no?

Nunca subestiméis el poder consolador de una monja que lanza improperios y blasfemias en cada frase.

Y el gustirrín que da encontrar una falta de ortografía en tu lavadora patria y sentirme totalmente legitimada para mandarle un mail la mar de repelente al fabricante.

Y el gustirrín que da encontrar una falta de ortografía en tu lavadora patria y sentirme totalmente legitimada para mandarle un mail la mar de repelente al fabricante.

Y así es la vida. Maravillosa. Un día te diagnostican una enfermedad rara que pone tu vida patas arriba y unas semanas más tarde te encuentras a ti misma esperando una invitación del Ministerio de Cultura ruso para ir de gira por ese asombroso país (que dice mi madre que con lo que yo soy a ver si me va a pillar la KGB…). Pero esa es una aventura que contaremos en otros capítulos.

Cuídenseme mucho y quiéranse otro tanto.

Siempre sin frenos,

Sandra Van T.

16 comentarios en “Sobre vulvas y mis siete meses de silencio

  1. Nunca me alegré tanto de recibir noticias sobre vulvas ❤ gracias por hacerme echar 3 risas de esas de verdad, no de las de jajaja pero no me río un cojón, sino de las de hacer ruido con la nariz y casi se te salga un moco. Por favor sigue informando de todo.
    Un besaco desde mi más profunda y jodida admiración por tu vida, quitando las enfermedades que espero que abandonen tu cuerpo lo antes posible. Te reama, tu italiana.

    • Jajajajajaja, que sepas que le he traducido lo del moco a Maromo (un poco tapando la pantalla para que no viera todas las fotos de hombres desnudos que tengo allí) y se ha muerto. Es muy fans de lo escatológico y ahora tuyo.
      Ay amore, no hay mucho que admirar, pero sigo pensando que el día que nos juntemos tomaremos el mundo por la fuerza (en plan tanques rosas con vinilos de Kirk Cameron). Me tienes que contar sin falta de dónde han venido esas carcajadas…
      Love you forever!

  2. Guapaaaa! Como siempre encantada de leer uno de tus artículos y echarme alguna que otra carcajada! Hoy me hacia falta! 😉

    A ver si nos ponemos las pilas y nos vemos a la de ya!!!! Un beso enoooorme!

    Sonia

    • Que no me entere yo que te hace falta una carcajada! Ya, tía, que no nos vemos desde el Japan nightmare y ya va siendo hora de que me cuentes en qué andas. Te miras la chorbagenda para la semana que viene y nos tomamos un zumo de naranja bien cargado?
      Un beso enorme, hermosérrima!!

  3. Siiiii! Sandra is back! 🙂

    Dado el desparpajo humorístico que te gastas, entiendo que la quenomolademasiado no puede contigo (espero que ya esté todo bien!)

    Welcome back y aquí estaremos… “pa” lo que haga falta!

    Saludos germanos,

    Servidora

    • Pero qué molona la señorita Fackitol! Mira que me he leído bien tu blog y aún no te he comentado porque soy una pendeja de manual. Pero me molas más que el appel struddel!
      Gracias mil por la bienvenida y muchos abrazotes ex-expatriados en dirección al país de los supermercados ecológicos!

    • Whooooooot? Estás aquí?? Y acabas de llegar a El Prat? Pues capaz de habernos cruzado o de haberte cruzado tú con mis suegros. Son un matrimonio de 4 metros cada uno con el hábito de regatear el precio de todo en cualquier tienda o cafetería… Hasta qué día te quedas?

  4. Guapaaaaa! Tengo que decir que no me alegro nada de tu enfermedad “quenomolademasiado” pero me he reído una buena jartá! Los carapedo viéndome hacer la croqueta en la ofi! Jajajaja
    En serio nena, molas mil y me alegro otros mil de tu buena andadura profesional 😉
    Besotes preciosa y a seguir palante y escribiendo!

    • Pero qué majérrima eres, por dios!! Como se nota la solidaridad entre todas esas personas que hemos tenido compañeros de trabajo carapedo que tienen como norma no dar nunca los buenos días y que ven como un signo de terrible educación eso tan español de “me voy al baño, ahora vuelvo”.
      Muuuuuuuuuuuuuuuuuuchas gracias por semejante molonidad. Intentaré vencer a la flojera y seguir por aquí. Un besaco enorme!!!

  5. ¡No me lo pueo creé, hah vuertooo!!! Y a mí también me has sacado una carcajada pensando en tu ginecológico marido y en el escatológico Nipón, a pesar de las perrerías que tuvisteis que sufrir (os está bien empleado, por darme envidia). Espero que ya no estés mala de acostarte y te pido porr favorr que mandes esa carta a tu proveedor habitual de electrodomésticos, que como mediotraductora me ha salido un zarpullío en los ojos (y eso que la falta en cuenstión no es nada comparado con otras). Un besazo y espero que te acuerdes de mí… Sí, sigo viviendo en Doichland. Y espero seguir leyéndote…

    • Pero si es mi comentadora molona con Z!!! No me iba a acordar, mujer… Además, me alegro mucho de saber que eres de las mías. De las que cuando tienen que esperar en el banco cogen el flyer de las hipotecas y se lo devuelven al de la caja con todas las faltas de ortografía marcadas en rojo… Errr, no nos ha pasado ni a ti ni a mí, por supuesto…

      Me alegro mucho de volver a “verte”, señorita Doichlandera 🙂

  6. Ahhhh, ,me muero de la risa, no conocía tu blogg, pero lo visitaré más veces, también expatriada y con falta de oir este tipo de humor tragicómico. Impagable lo de tu chorbo pidiendo vulvas en el Ikea…..Mi marido es griego, y aunque ahora no se me ocurre alguna tan buena como esa hemos tenído muchos momentos ´´lost in translation´´….una buena es nuestro hijo que va a hacer 3 años, a veces oye hablar tan raro a su padre en español que le contesta en portugués….
    Ánimo, y comparte más momentos de estos que hacen a una reirse sola ante el ordenador sin poder evitarlo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s